Bitcoin frente a la mentalidad anticapitalista (18 de mayo de 2017)

Craig Wright | 18 May 2017

Bitcoin se creó como una forma libertaria de dinero. Desafortunadamente, muchas de las personas que actualmente se sienten atraídas por él tienen una inclinación hacia el socialismo o el anarquismo. La característica principal del capitalismo moderno ha derivado de la producción masiva de bienes y servicios destinados al consumo de masas.

Bitcoin crea un sistema que permite a cualquier persona desafiar a cualquier millonario o billonario. Si lo llevamos a su extremo, posibilita un mercado que no se puede sabotear mediante los controles y restricciones que impone el gobierno. El problema para muchos con este tipo de sistema es que hace recaer la culpa exclusivamente en el individuo. Si no tienes éxito, no hay nadie más que tú mismo a quien culpar. En la economía de Bitcoin, necesitas desarrollar sistemas que satisfagan al público para hacerte más rico. Esta falta de control del monopolio a través de la distribución internacional y la dispersión geográfica de la red de Bitcoin significa que las empresas y los individuos que buscan obtener beneficios a través de la minería necesitan hacerlo de forma competitiva.

Cada una de estas organizaciones sabrá y comprenderá que no puede dormirse en los laureles. Hacerlo sería consumir el mismo capital que necesitan para prosperar y avanzar en el futuro y abriría de par en par las puertas de una competencia aún mayor.

Cualquier individuo puede decidir en todo momento que desea convertirse en un minero de la red de Bitcoin. En la falacia de la ventana rota, el argumento en contra de esto se reduce a la rentabilidad. Por un lado, los Estados anticapitalistas afirman enfáticamente que la avaricia de los mineros está quitando el control a la gente. Esta codicia constituye un deseo abrumador de obtener ganancias. Al mismo tiempo, los mismos individuos intentan decirnos que no podemos minar porque ya no sale rentable. Argumentan, por un lado, la necesidad de rentabilidad, y por otro, la necesidad de regalar servicios de forma altruista. Ambos argumentos, diametralmente opuestos, no pueden ser verdad. Ésta es la naturaleza de la contradicción. Cualquier persona puede minar. La elección es una cuestión de rentabilidad.

Los mineros sirven a las masas. No se trata de una nebulosa económica mayoritaria o de otra forma de demagogia. Es muy simple: cualquier persona puede votar con su potencia computacional. Bitcoin resuelve el problema de los generales bizantinos creando nodos entre pares que señalizan un nivel de intencionalidad económica.

Como dijo Adam Smith: «No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses».

Bitcoin no permite doctrinas a la última moda. No promueve ni a la derecha ni a la izquierda en la política. Actúa puramente como una fuente de medida. Así pues, mide la cantidad de riqueza que la gente está dispuesta a valorar dentro de la sociedad. Es una forma de riqueza que no resulta fácilmente manipulable. Llevada al límite, en un escenario en el que Bitcoin se convirtiera en la forma predominante de moneda internacional, conduce a una medición común que no puede ser alterada o manipulada fácilmente por el gobierno. Esto no significa que la manipulación no pueda ocurrir, sino que cualquier manipulación implicaría un elevado coste.

Una edad de oro

Como resultado del capitalismo, nos hemos adentrado en una era de prosperidad sin precedentes. Vivimos en una época de comodidades que superan la comprensión incluso de los individuos más ricos a lo largo de la mayor parte de la historia, y aún nos encontramos lejos del fin de la historia. Ese clamor entre los utópicos de que existe una meta final es algo que no puede ni siquiera imaginarse, y a lo que no nos acercamos ni remotamente durante todo nuestro crecimiento. A largo plazo, la riqueza se acumula a un ritmo cada vez mayor. El crecimiento del capital se acumula más rápido que el crecimiento de la población. Al mismo tiempo, vivimos en un sistema al que atacan personas que detestan el concepto de capitalismo. Buscan volver a los buenos tiempos, a los días de duro trabajo, a los días de desesperación y de pobreza.

Los ataques contra los capitalistas, especialmente los que gestionan las instalaciones de minería, señalan la codicia del minero o de otro capitalista. Comparan a estos empresarios con los aristócratas y oligarcas de tiempos pasados y otras sociedades.

La riqueza obtenida por los empresarios no puede compararse con la riqueza de un aristócrata. El minero de Bitcoin obtiene la riqueza a través de un proceso basado en el mercado. Al asegurar la red, suministra a los consumidores un bien valioso. El aristócrata no sirve al mercado y se muestra inmune al desencanto.

El capitalismo no pretende recompensar a la gente por sus verdaderos méritos o juicios morales: la prosperidad que uno acumula constituye simplemente el resultado de la prestación de servicios que el prójimo desea y por los que está dispuesto a pagar. En este sistema, los consumidores son soberanos. Es extremadamente simple. En un mundo de consorcios mineros distribuidos, el propietario capitalista de cualquier corporación individual busca atraer a otros a su sistema. El motivo para hacerlo son los beneficios. En el caso de que los consumidores no estén contentos, pueden en cualquier momento cambiar su lealtad y cambiarse a un consorcio alternativo.

En la economía de Bitcoin, no se trata de juicios académicos o demagogia verbal, sino de valoraciones, que se manifiestan a través de la elección.

Cualquier sistema que no cumpla con estas condiciones estará destinado a fracasar.

No son los caprichos centralizados de unos pocos los que deben decidir el rumbo de la red. Al contrario, la red se ha establecido para aquéllos que están dispuestos a pagar por mantenerla.

La jerarquía de expertos y el sacerdocio del conocimiento

Como en todos los sistemas, existirán jerarquías. El experto se dirige al consumidor, quien no percibe el valor de la opinión del experto. El experto acumula conocimientos, y cree que se debe obligar a que los demás lo escuchen. En una economía de mercado, la pericia se convierte en un producto comercializable, y sólo cuando se entregue lo que el consumidor requiere, aquello que pide, y en lo que está dispuesto a gastar su dinero, es cuando se alcanzará el éxito.


Enlace al artículo original: https://craigwright.net/blog/bitcoin-blockchain-tech/bitcoin-vs-the-anti-capitalistic-mentality/

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